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La devoción por la Virgen de la Candelaria es, en Tlacotalpan, muy antigua, y según las versiones más autorizadas fue traída por la orden de los juaninos a principios del siglo XVII.
La festividad religiosa, cuyos momentos más importantes son el paseo de la Virgen por el río y la presentación del Niño en el templo, se ha ido enriqueciendo con la fiesta popular donde hay huapango jarocho, encuentro de jaraneros, regatas, cabalgatas, feria, mojiganga y "pamplonada". los juegos pirotécnicos también son fundamentales, sobre todo el 2 de febrero, cuando se encamina la Virgen hacia el muelle. Durante el paseo, ella habrá de bendecir el puerto y amainar la bravura del Papaloapan, para que en el futuro no cause inundaciones.
Esta fiesta ha cobrado tal celebridad que año con año asiste una multitud cada vez mayor. Las hileras de carros se estacionan a muchos kilómetros de la ciudad y los hoteles son insuficientes, por lo que la gente prácticamente no duerme durante varios días. el ambiente que impera de principio a fin es una muestra del alma jarocha, imbuida de música, color, alegría y una chispeante y mundana picardía.
Los festejos de la Candelaria datan del siglo XIX, cuando paseaban la imagen de la virgen de la Candelaria en el río con la finalidad de que los pescadores tuvieran abundante pesca todo el año. Los festejos duran tres días: el primero, 31 de enero, se realiza una cabalgata en la cual participan alrededor de 600 personas, el recorrido se realiza en las calles principales de la ciudad; el segundo, 1 de febrero, se caracteriza por el embalse, 6 toros de raza Cebú atraviesan el río acompañados por pobladores que viajan en canoas, piraguas y cayucos, los cuales son soltados en cuanto llegan a tierra; finalmente, el 2 de febrero, se llevan mañanitas a la virgen de la Candelaria.
En el bello puerto de Tlacotalpan se celebra cada año, en el mes de febrero, a la Virgen de la Candelaria.
Esta imagen que llegara con los primeros frailes de la Orden de San Juan de Dios, de España, es venerada y festejada el día 2 de febrero.
La imagen es introducida con la intención de convertir a los antiguos habitantes de la región al cristianismo, sustituyendo a la deidad prehispánica de la fertilidad que coincidentemente era venerada en las mismas fechas y a la que le rendían tributo para obtener beneficios de la tierra, como eran:
buenas cosechas, abundancia de peces y buen temporal en general.
Los habitantes estaban acostumbrados a las tormentas que azotaban, la entonces isla de Tlacotalpan, por los fuertes vientos septentrionales, llamados "nortes" por los veracruzanos. Del 31 de enero hasta el 2 de febrero, la población se transforma, se adueñan del lugar la risa y la diversión, los sones y las coplas, el fandango, el zapateado.
Las tiendas y puestos ambulantes se disputan el espacio en la calle principal; se improvisan tablados en la Plaza Hidalgo, en la Plaza de Doña Martha, en la de San Miguel y Nicolás Bravo.
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