VOLADORES DE PAPANTLA
Cuando se menciona el poblado de Papantla,
la primera imagen que evocamos es la de los voladores, ya que
esta impresionante danza, en la que desafían -entre otras cosas-
a la gravedad para saludar al padre sol y solicitar la llegada
de las lluvias, ha trascendido a través de los años y las fronteras.
Es interesante que, hoy en día, los danzantes no sólo mantienen
viva la tradición con singular entrega, sino que de hecho sienten
un gran orgullo por ser depositarios de tan arraigada tradición
y tienen el compromiso, con ellos mismos y con sus correligionarios,
de transmitirla a las generaciones venideras para evitar la
destrucción de su raza.
Así, con la intención de que la danza continúe vigente, se ha
establecido en Papantla el jueves de Corpus Christi como el
Día del Volador.
En sus orígenes, esta tradición se conocía como "kos'niin" o
"vuelo de los muertos", la cual está emparentada con otra llamada
"hua hua", pues ambas utilizan el mismo aparato giratorio de
madera, sólo que el volador gira en un plano horizontal, mientras
que el "hua hua" lo hace en forma vertical en un aparato llamado
de cruz o molinete. Ambas danzas estuvieron ligadas al culto
de deidades de la fertilidad, como Xipe Totec y Tlazolteotl.
Los voladores empleaban un palo tan alto que llegaban al suelo
tras trece vueltas, número que, multiplicado por los cuatro
voladores, da 52, que es el número del ciclo del calendario
mesoamericano. La rotación de los aparatos simboliza el movimiento
de los astros, en especial el del sol.
Se cree que fue durante la época de dominación mexica cuando
se introdujo la combinación de elementos rituales, es decir,
la música como ofrenda y la danza de cuatro participantes que
vuelan cabeza abajo, con los brazos abiertos, disfrazados de
las aves asociadas al sol: guacamaya, águila, quetzal y calandria,
además del quinto danzante, que suele realizar su danza en la
punta del palo que sirve de soporte al ritual.
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